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Cáncer de mama: 10 ideas falsas que conviene dejar de creer

Hoy, 19 de octubre, se celebra el Día Mundial contra el Cáncer de Mama, y es un buen momento para revisar lo que damos por cierto sobre esta enfermedad. Aunque es uno de los tumores más conocidos, siguen circulando muchas ideas erróneas, algunas tan arraigadas que hasta quienes han pasado por la enfermedad admiten haberlas creído antes de su diagnóstico. Estos son diez mitos habituales y lo que se sabe de cada uno.

1. “Si no tengo antecedentes familiares, no corro riesgo”

Falso. Se estima que solo entre el 5 y el 10 % de los casos de cáncer de mama son hereditarios, es decir, se deben a mutaciones en ciertos genes que pasan de padres a hijos. La mayoría de las mujeres que lo desarrollan no tiene familiares con la enfermedad. Los factores de riesgo más importantes, según Breastcancer.org, son ser mujer y envejecer.

Eso no significa que los antecedentes carezcan de importancia. Si hay uno o más casos entre los familiares directos, sobre todo en menores de 50 años, o casos de otros tumores como el de ovario o el de próstata, conviene comentarlo con el médico.

2. “Si llevo una vida sana, no tengo de qué preocuparme”

Una vida saludable ayuda, pero no es un seguro. Mantener un peso adecuado, hacer ejercicio y limitar el alcohol reduce el riesgo, pero no lo elimina. Hay mujeres que cuidan todos estos aspectos y aun así desarrollan la enfermedad. Aun así, merece la pena cuidarse; beber alcohol en exceso, fumar y el sedentarismo aumentan las probabilidades de padecerlo.

3. “El sujetador, sobre todo con aro, provoca cáncer de mama”

No hay pruebas de ello. La teoría que circula plantea que una prenda ajustada podría frenar el drenaje del líquido linfático y favorecer la acumulación de sustancias tóxicas en la mama, pero no se ha respaldado con estudios. Uno de 2014, con casi 1.500 mujeres diagnosticadas, no encontró ningún vínculo entre el uso de sujetador y el cáncer.

Tampoco influyen la tela, la talla o el modelo, según la Asociación Española contra el Cáncer.

4. “Los desodorantes y antitranspirantes causan cáncer”

Los estudios realizados hasta ahora no han hallado una relación entre las sustancias de estos productos y el cáncer de mama. El rumor sostiene que el aluminio y otros compuestos se absorben y llegan a las células mamarias, y que afeitarse las axilas empeoraría la situación al facilitar su entrada.

Es un tema que se sigue estudiando. Algunos trabajos han detectado concentraciones más altas de aluminio en el tejido mamario de mujeres que usan estos productos, pero por ahora no se ha demostrado que esto cause la enfermedad.

5. “Es cosa de mujeres mayores de 40”

Es verdad que la mayoría de los casos se da a partir de esa edad, pero las mujeres jóvenes también pueden tenerlo. Según datos de Estados Unidos recogidos por Breastcancer.org, en 2017 alrededor del 4% de los cánceres de mama invasivos se diagnosticaron en menores de 40 años: uno de cada 25 casos.

Tampoco es una enfermedad exclusiva de mujeres. Los hombres tienen tejido mamario y pueden padecerla, aunque supone menos del 1 % de los casos. Se suele diagnosticar en fases más avanzadas porque ni ellos ni sus médicos piensan en esta posibilidad ante un bulto o un cambio en el pecho.

6. “Si no hay bulto ni duele, no hay cáncer”

Falso. El cáncer de mama no siempre produce un bulto que se pueda palpar, sobre todo al principio, y cuando lo hace puede que el tumor ya haya llegado a los ganglios linfáticos. La mayoría de los casos no da síntomas hasta que están avanzados y de ahí la importancia del cribado con mamografía.

La autoexploración es útil para conocer las propias mamas y detectar cambios, pero no sustituye a las mamografías. Tampoco es cierto que un bulto liso, que se mueve bajo la piel o que duele quede descartado como cáncer: cualquier masa inusual debe revisarla un profesional.

7. “Todo bulto en el pecho es cáncer”

El mito contrario también existe, y genera miedo innecesario. La mayoría de los bultos son benignos, a menudo nódulos que no son cancerosos. En las adolescentes, por ejemplo, lo más habitual es un fibroadenoma, que se nota duro y redondo y no suele doler.

Con el dolor de mama pasa algo parecido: es frecuente y puede deberse a cambios hormonales durante la menstruación, a las píldoras anticonceptivas, a la terapia hormonal, al aumento de peso, a la retención de líquidos o a un sujetador que no ajusta bien. La recomendación es la misma en todos los casos: ante cualquier bulto, consultar al médico, que valorará si hacen falta pruebas como una ecografía o una mamografía.

8. “Con una mamografía anual me quedo tranquila”

La mamografía es la mejor herramienta de detección temprana, pero no es infalible. Puede dar un falso negativo, es decir, que haya un tumor, aunque la imagen parezca limpia. Se calcula que en torno al 20% de los cánceres de mama no se detectan en estas pruebas, algo que ocurre con más frecuencia en mamas densas, más habituales en mujeres jóvenes.

Aun así, la mayoría de los casos se detecta por mamografía, por lo que sigue siendo fundamental hacerla con regularidad. Conviene combinarla con la atención a cualquier cambio en las mamas y con la revisión por parte de un profesional.

Otro temor frecuente es que la prueba cause cáncer o haga que se extienda uno ya existente, y no es así: expone a una cantidad muy baja de radiación, muy por debajo de los límites reglamentarios. Las mujeres con implantes también pueden hacérsela, avisando antes al centro para que utilicen técnicas especiales.

9. “Si tengo cáncer de mama, me quitarán la mama”

No necesariamente. Si se detecta en una fase temprana, en la gran mayoría de los casos se puede hacer una mastectomía parcial, que consiste en extirpar solo la zona donde está el tumor.

El tratamiento no es el mismo para todas las pacientes. Se personaliza según el tamaño, el estadio y el grado del tumor, si es sensible a las hormonas o si presenta copias adicionales del gen HER2, entre otros factores, además de las preferencias de la paciente.

10. “Se debe a las emociones o a la personalidad”

No hay evidencia que lo respalde. Un grupo de investigadores de Australia analizó rasgos como el comportamiento maduro o inmaduro, el comportamiento neurótico, la expresión y el control emocional, la autoestima, la ansiedad o la depresión, y no encontró un mayor riesgo de cáncer de mama en ninguno de ellos.

Es un mito dañino, porque hace sentir culpable a quien recibe el diagnóstico. Como resume una paciente de la comunidad de Breastcancer.org, no es culpa de nadie.

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