Las redes sociales forman parte del día a día de muchos adolescentes, y a muchas familias les cuesta encontrar el punto medio entre dejar hacer y prohibir. Esta guía reúne las pautas que explicaron a UNICEF tres psicólogos que además son padres (Andrew Greenfield, Lisa Damour y Pam Tudin-Buchalter) y las recomendaciones de la Guía de buenas prácticas sobre el uso de las redes sociales, elaborada por la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF).
1. Entiende de qué te proteges
No todo el riesgo está en el tiempo de pantalla. Conviene vigilar:
- Que las redes desplacen lo esencial: dormir lo suficiente, hacer ejercicio, estudiar, ver a los amigos en persona o ayudar en casa.
- El ciberacoso y los conflictos entre compañeros, tanto si tu hijo los sufre como si participa en ellos.
- La sensación de ser inmune. Muchos adolescentes creen que pueden estudiar, chatear y ver una película a la vez, o que a ellos no les engañarán con una estafa ni les alcanzará un depredador en línea.
- Creerse todo lo que ven. Anuncios, opiniones de fuentes poco fiables, dramatizar cualquier suceso.
- La presión por mostrarse perfecto. Según la guía de UNAF, los jóvenes de sus talleres se sentían forzados a dar una imagen ideal, lo que puede generar estrés, ansiedad y frustración. Los autores matizan que lo que daña son las expectativas inalcanzables y la cultura de la perfección, no las redes sociales en sí.
- Un diseño pensado para enganchar. Las redes ganan más dinero cuanto más tiempo pasa el usuario conectado, por la publicidad o por la venta de datos.
2. Decide cuándo dar el primer móvil
Retrasar el acceso a las redes hasta que el adolescente ya no pueda mantener sus amistades sin ellas es una de las recomendaciones principales. Una opción sería empezar con un teléfono sin navegador ni redes sociales e ir añadiendo aplicaciones solo cuando haya demostrado sentido común con los mensajes. La etapa del instituto sería una buena época para que empiecen a tener móvil propio.
3. Pon normas claras desde el principio
- Deja claro de quién es el móvil. Al principio es de los padres y más adelante será suyo.
- Móviles fuera de los dormitorios por la noche, por ejemplo que todos los dispositivos se carguen en la cocina, y acordar una hora límite.
- Pocas apps y con permiso. Es mejor que vayan accediendo a las redes sociales poco a poco cuando vayan demostrando la madurez necesaria.
- Comidas sin móvil. Acordar en familia que la mesa es un espacio libre de móviles para hablar del día.
- Que la norma valga para todos. Si los adultos mantienen la tecnología fuera de su dormitorio para proteger su sueño, es más fácil defender la misma regla con los hijos.
Da más libertad poco a poco, a medida que tu hijo demuestre que es responsable.
4. Mide el uso por lo que pasa en su vida, no por las horas
Si tus hijos gestionan bien lo importante: ejercicio, amigos, deberes y tareas del hogar; no pasa nada por que utilicen el móvil para desconectar. La clave está en encontrar un equilibrio sano.
5. Habla con él, y escucha más de lo que hablas
- Pregunta antes de opinar. Puedes preguntarle qué observa en sus amigos y en los adultos, y después por él mismo. Así reflexiona sin ponerse a la defensiva.
- Plantea dilemas reales. Por ejemplo, qué haría si viera acoso en línea: quedarse al margen, intervenir o informar, y a quién.
- Habla del sueño. Dormir bien y la salud mental están muy relacionados.
- Anímale a observarse. Que se pregunte por qué usa las redes y cómo se siente cuando las usa.
- Explícale cómo funcionan los algoritmos. Todo lo que ve, le gusta o comenta alimenta una base de datos que decide qué verá después, con publicaciones diseñadas para ser difíciles de dejar, sean buenas para él o no.
- Cuéntale tus propios errores. Relatar en primera persona situaciones digitales que te salieron mal puede hacer que entienda que el riesgo es de todos y no sentirse criticado.
- No espíes. Si invades su intimidad, el problema podría ser más grande y dañar vuestro vínculo.
6. Qué hacer cuando algo sale mal
Ante un problema en línea, es mejor escuchar y preguntar “¿cómo puedo ayudarte ahora mismo?” que quitarle el dispositivo o castigarle de inmediato. Si reaccionas con histeria o enfado, es probable que tu hijo esconda sus errores la próxima vez. Eso no significa que no pueda haber consecuencias más adelante.
7. Qué hacer si no suelta el móvil
- No basta con decirle que pare; no funciona.
- Dale alternativas. Enséñale qué hacer al margen de las pantallas: propón ideas, juega con él o salid al aire libre.
- Ofrécele algo mejor que la pantalla: una conexión real y sin juicios, y momentos de riesgo saludable. Un ejemplo: si quiere hacer puenting, dile que sí y hazlo con él.
- Fomenta el deporte y las actividades analógicas como el dibujo, la pintura, los puzles y la lectura, que además sirven para pasar tiempo en familia.
8. Predica con el ejemplo
Si tú no puedes dejar el móvil, es difícil esperar que lo haga tu hijo.
- Dedícale aunque sean 15 minutos al día con toda tu atención. Importa más la calidad que la cantidad.
- No saques el móvil para grabarlo todo, no contestes de inmediato cuando suena o vibra y no lo lleves encima en todo momento.
- Si tienes que usarlo, explícale para qué. Los padres hacen por internet muchas gestiones, como organizar el transporte o pagar facturas.
9. No lo demonices
Tampoco hace falta rechazar ni criticar abiertamente la tecnología. Hay veces que es mejor interesarte por ella, jugar a sus videojuegos, ver series juntos o navegar por TikTok con él, sin dejar de ser su referente. Prohibirla puede hacer que se sienta excluido de lo que le rodea.
10. Apóyate en herramientas y en otras familias
- Aplicaciones de bienestar digital y control parental. Permiten limitar tiempos, bloquear aplicaciones y filtrar contenido, aunque no sustituyen la supervisión ni el diálogo.
- Charlas y talleres. En muchos centros educativos existen actividades relacionadas con este tema a las que los padres pueden asistir para formarse. Además, son una oportunidad para conectar con otras familias.
- Piensa dos veces antes de publicar fotos de tus hijos. No se puede controlar en manos de quién acabarán. Hay veces que es mejor enseñarlas en persona en lugar de colgarlas.
Recuerda que todo lo que se sube a internet puede verlo cualquiera, aunque se configure la privacidad.
