La aplicación temprana de la innovación terapéutica está marcando un cambio en el abordaje de los cánceres de la sangre, al permitir respuestas más profundas y duraderas en distintas patologías hematológicas. Así se puso de manifiesto durante el encuentro Hi25, organizado por Johnson & Johnson en Madrid, que reunió a especialistas en Hematología de distintos hospitales españoles.
En el caso del mieloma múltiple, la Dra. Marta Sonia González Pérez, hematóloga del Hospital Universitario de Santiago de Compostela, señaló que “la introducción de la inmunoterapia ha sido el avance terapéutico más relevante de la última década”, al lograr altas tasas de respuesta y preservar la calidad de vida de los pacientes. Según explicó, el uso de anticuerpos monoclonales en primera línea permite reducir el número de tratamientos posteriores y minimizar las toxicidades acumulativas.
Innovación temprana y cambio de paradigma
La necesidad de aplicar los tratamientos más eficaces desde el inicio fue una de las ideas compartidas por los expertos. El Dr. Francesc Bosch Albareda, jefe del Servicio de Hematología del Hospital Universitario Vall d’Hebron, afirmó que “en cualquier tratamiento de oncología hay que poner el mejor tratamiento al principio”, ya que retrasarlo puede limitar el acceso a las terapias más efectivas.
Esta visión fue respaldada por el Dr. Juan Manuel Sancho, jefe del Servicio de Hematología Clínica del Hospital Germans Trias i Pujol, quien subrayó que “cuanto mejor sea el tratamiento en primera línea, mayor será el impacto en la supervivencia del paciente”, especialmente en enfermedades con cursos clínicos complejos.
Durante el simposio también se abordó la evolución del tratamiento de la leucemia linfocítica crónica. El Dr. Bosch explicó que la quimioinmunoterapia tiene actualmente un papel residual y que la tendencia es avanzar hacia terapias finitas, reservando los tratamientos continuos para pacientes con alto riesgo genético, con el objetivo de reducir la carga terapéutica y mejorar la calidad de vida.
En cuanto al linfoma de células del manto, el Dr. Sancho destacó que el pronóstico ha mejorado de forma significativa en la última década, con una mediana de supervivencia que ha pasado de 3-4 años a situarse “probablemente por encima de los 10 años”. Según indicó, la incorporación de inhibidores de BTK en primera línea puede permitir prescindir del trasplante en determinados pacientes, aunque insistió en la importancia de optimizar el tratamiento inicial.
Los especialistas coincidieron en que avanzar la innovación a la primera línea será clave para seguir mejorando los resultados clínicos y ofrecer nuevas expectativas a los pacientes con enfermedades hematológicas.
