Respirar el humo de otra persona no es una cuestión menor. En España, las leyes antitabaco de 2005 y 2010 lograron reducir de forma notable la exposición al humo ambiental del tabaco, pero los datos más recientes indican que ese descenso podría haberse frenado. Un estudio de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), publicado en la revista Tobacco Control, analiza cómo ha evolucionado el tabaquismo pasivo entre 2005 y 2024.
Los resultados dibujan un escenario en el que el tabaco convencional convive con los cigarrillos electrónicos y los productos de tabaco calentado. También ponen el foco en espacios cotidianos como el trabajo, el ocio, los colegios o las terrazas. Repasamos qué dice el estudio y qué entornos concentran más exposición.
Cuánto ha cambiado la exposición desde 2005
El estudio se apoya en cuatro encuestas realizadas a muestras representativas de la población española. Entre las personas no fumadoras, la exposición al humo ambiental del tabaco pasó del 49,5% en 2005 al 21,3% en 2011, un descenso que coincide con la aprobación de las dos leyes antitabaco.
Sin embargo, en 2024 la cifra fue del 23,8%, lo que supone un aumento relativo del 11,7% respecto a 2011. Los autores aclaran que esta subida no alcanzó significación estadística, por lo que debe leerse como una tendencia observada y no como un incremento confirmado.
En qué lugares aumenta la exposición
Al desglosar los datos por entornos, el estudio observa incrementos relativos entre 2011 y 2024 en todos ellos. El mayor se da en los lugares de trabajo, con un 29,7%, seguido de los bares, restaurantes y otros espacios de ocio, con un 15%.
Las escuelas registran un aumento del 12,7% y los hogares, del 4,7%. Igual que ocurre con el dato global, ninguno de estos cambios alcanzó significación estadística, de modo que conviene tomarlos como indicios de una evolución y no como conclusiones definitivas.
Las terrazas elevan la cifra de exposición
Una de las novedades de la encuesta de 2024 fue preguntar de forma específica por la exposición en terrazas de hostelería. Cuando se incluyen estos espacios, la prevalencia de exposición al humo ambiental del tabaco alcanza el 54,9%, muy por encima del 23,8% que se obtiene sin tenerlas en cuenta.
Este contraste muestra que las terrazas son un entorno relevante para quien no fuma y no siempre queda recogido en las mediciones habituales. El dato aparece por primera vez en esta serie, así que no hay una evolución previa con la que compararlo.
Aerosoles de cigarrillos electrónicos y tabaco calentado
La misma encuesta incorporó preguntas sobre la exposición a las emisiones de los sistemas electrónicos de administración de nicotina, que incluyen los cigarrillos electrónicos y los productos de tabaco calentado. El 18,3% de las personas que no fuman ni consumen estos dispositivos declara estar expuesto a sus aerosoles.
Esa proporción asciende al 38,2% si se incluye la exposición en terrazas. El dato muestra que los aerosoles de estos productos también llegan a quienes no los usan.
El entorno escolar tampoco queda al margen. Un 11,7% de los estudiantes no fumadores ni consumidores de estos dispositivos declaró estar expuesto a sus aerosoles. Los propios autores piden cautela con esta cifra, ya que se basa en una muestra reducida de estudiantes.
Qué plantea SEPAR para reducir la exposición
El estudio apunta como posibles factores del aumento el cumplimiento insuficiente de las restricciones existentes y la falta de avances legislativos de gran alcance en los últimos años. Sus autores advierten, no obstante, de que el diseño de la investigación no permite atribuir los cambios únicamente a la legislación.
Para el Dr. Carlos Jiménez Ruiz, neumólogo y miembro del Área de Tabaquismo de SEPAR, las leyes antitabaco demostraron que las medidas de protección pueden reducir mucho la exposición de la población. En su opinión, los datos actuales obligan a adaptar la prevención a una realidad en la que conviven el tabaco convencional y los nuevos dispositivos.
SEPAR propone reforzar el cumplimiento de las medidas de protección, ampliar los espacios libres de humo y adaptar la regulación a los nuevos productos de consumo. Pone especial atención en la protección de los menores y de las personas expuestas de forma involuntaria.
