Si miras el móvil cada pocos minutos para ver qué ha dicho alguien en la última tertulia, vas a las comidas familiares en tensión por si sale el tema de la política o das vueltas en la cama pensando en lo que puede pasar estas próximas elecciones; tranquilo, es más común de lo que piensas. Durante cada periodo electoral, muchas personas notan que la política se cuela en sus preocupaciones prioritarias y que afecta directamente en su estado de ánimo, incluso aquellos que no se consideran especialmente politizados.
El volumen de información de las campañas, las discusiones en redes y la incertidumbre durante casi dos meses sobre los resultados acaban pasando factura y no siempre lo relacionamos con las elecciones. Estos son los síntomas más habituales del estrés electoral, por qué aparece y qué pueden hacer quienes lo sufren.
¿Qué es el estrés electoral y por qué aparece?
El estrés electoral no es un diagnóstico clínico. Según la Clínica Mayo, el llamado “trastorno de estrés electoral” no es un diagnóstico científico, pero el concepto es real, y se utiliza para describir el malestar emocional y físico que muchas personas experimentan en periodos de mucha actividad política, como campañas, debates, jornadas de votación o cambios de gobierno.
Uno de los principales desencadenantes, apuntan sus especialistas, es la sensación de falta de control sobre el resultado. Para el cerebro, no saber qué va a ocurrir activa los mismos mecanismos de alarma que activaría ante cualquier otra amenaza. No distingue entre un peligro físico y la posibilidad de que el resultado no sea el que quieres y, en ambos casos, se pone en guardia.
A esto se suman varios factores propios del contexto electoral. La polarización genera un ambiente de tensión constante en la que el “otro lado” parece una amenaza y el volumen de información, tanto en los medios como en las redes sociales, llega a resultar abrumador. Además, la suma de que el resultado no depende de nosotros y que sentimos que “hay mucho en juego”, hace que nuestro sistema nervioso responda con ansiedad.
¿Cómo se nota en el cuerpo y en el ánimo?
Los síntomas son prácticamente los mismos a los del estrés general y por eso muchas veces no los asociamos con la política. Físicamente pueden aparecer dolores de cabeza, tensión muscular, molestias digestivas, dolor en el pecho y dificultades para dormir.
En el plano emocional, lo más frecuente es sentirse más irritado de lo normal, con angustia difusa y pensamientos continuos sobre escenarios futuros. También pueden aparecer sensaciones de impotencia o desesperanza y una mezcla extraña de apatía y activación. Querer enterarse de todo, pero, al hacerlo, sentirse abrumado y agotado.
Detrás de todo esto está la respuesta de “huida” del sistema nervioso que se encarga de elevar de manera inconsciente las hormonas del estrés como la adrenalina o el cortisol. Todas estas respuestas, tanto físicas como emocionales, son reacciones humanas totalmente normales, pero el problema llega cuando se prolongan en el tiempo y empiezan a interferir en nuestro día a día.
¿Qué dicen los datos?
La mayoría de las cifras disponibles proceden de Estados Unidos. Según una encuesta realizada por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), el 73% de los estadounidenses afirmaron sentirse ansiosos o deprimidos ante las elecciones de 2024. Una cifra que refleja una autopercepción y no un diagnóstico pero que, aún con todo, resulta elevada.
Por otra parte, una encuesta de la Asociación Americana de Psicología de 2020 encontró que el 68 % de los adultos consideraba las elecciones presidenciales una fuente de estrés, un porcentaje superior al de años anteriores. Esa misma organización recogió que el 56 % de los adultos atribuía parte de su estrés a la exposición constante a las noticias.
También hay trabajos sobre el impacto de campañas concretas. Un estudio publicado en 2017 en el Journal of Anxiety Disorders indicó que las elecciones estadounidenses de 2016 se acompañaron de un aumento notable de los síntomas de ansiedad. Otro, del Journal of Medical Internet Research, observó que los mensajes en Twitter relacionados con ansiedad y depresión aumentaron entre usuarios LGBTQ+ tras esos comicios, lo que podría apuntar que la incertidumbre política puede afectar más a los colectivos que sienten sus derechos en juego.
¿Por qué las elecciones tensan las relaciones?
Las elecciones, además, tienen una capacidad especial para tensar todo tipo de vínculos. Según el Pew Research Center, hacia 2020, alrededor de un tercio de los estadounidenses había tenido conflictos con amigos o familiares por diferencias políticas. Parte de la explicación es que, en contextos de mucha polarización, la política se vive como algo identitario: ya no se percibe como “prefiero este modelo económico”, sino como “mis valores son opuestos a los tuyos”, y cuando además hay cariño de por medio, esa distancia puede doler.
Los especialistas suelen recomendar distinguir entre la persona y su postura política, porque es posible querer a alguien sin compartir sus ideas, aunque resulte más difícil en momentos de tensión.
¿Cómo calmar la ansiedad electoral?
No se trata de desconectarse del todo, sino de encontrar un equilibrio entre estar informado y no dejar que la información te consuma. Ponerle horario a las noticias y silenciar las cuentas de redes que te alteran son buenos primeros pasos. También conviene proteger lo básico: dormir lo suficiente, comer de forma equilibrada, hacer ejercicio y reservar tiempo para lo que te gusta, leer, cocinar o ver algo que no tenga que ver con política, da al cerebro un respiro de la sobreexposición informativa.
Otra clave es distinguir lo que depende de ti de lo que no. Puedes informarte, votar y participar en tu comunidad, pero no controlas el resultado, y asumirlo resulta liberador cuando se practica de verdad.
La respiración es una de las herramientas más accesibles y discretas. Un estudio de la Universidad de Stanford encontró que quienes practicaron ejercicios de respiración redujeron más el estrés que quienes hicieron meditación, y la técnica más eficaz fue el suspiro cíclico, que consiste en dedicar más tiempo y atención a la exhalación que a la inhalación.
Si el malestar no cede una vez pasadas las elecciones, si la tristeza, la ira o la desesperanza se prolongan, o si la ansiedad interfiere en el trabajo, el sueño o las relaciones, conviene consultar con un profesional en salud mental. No hace falta esperar a una crisis: si ya convivías con ansiedad, el contexto electoral puede intensificarla, y ese es un buen momento para pedir ayuda.
