Cuando pensamos en un infarto, casi todos imaginamos la misma escena: dolor intenso en el pecho, brazo izquierdo, urgencia inmediata. Pero esa imagen no siempre refleja la realidad, especialmente en mujeres. Una nueva encuesta elaborada por Daiichi Sankyo Europa en seis países —Austria, Bélgica, Alemania, España, Italia y Portugal— pone de manifiesto una brecha de conocimiento preocupante: solo el 15% de los españoles reconoce que los síntomas cardiovasculares pueden manifestarse de forma diferente en hombres y en mujeres. Dicho de otro modo, 85 de cada 100 personas desconocen algo que puede ser determinante a la hora de identificar un problema cardíaco a tiempo. Y reconocerlo pronto, en muchos casos, marca la diferencia entre la vida y la muerte.
Lo que no sabemos nos puede costar caro
La mayoría de los españoles cree saber identificar un problema cardiovascular. El dolor de pecho (78%) o la falta de aire (72%) son los síntomas más reconocidos. Sin embargo, el conocimiento se diluye en cuanto se introduce la variable del género. Solo el 18% de los españoles identifica el género como un factor de riesgo cardiovascular, una cifra prácticamente idéntica a la media europea (17%).
Y hay un dato especialmente revelador: el 74% de los españoles no sabe que las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en mujeres en nuestro país. No es un dato menor. Es una realidad sanitaria que sigue sin calar en la conciencia colectiva, y eso tiene consecuencias directas en cómo actuamos ante los primeros síntomas. Además, pese a que existen factores de riesgo específicos ligados a la historia reproductiva de la mujer —como la diabetes gestacional, la preeclampsia o la menopausia precoz—, solo el 14% de los europeos los reconoce como tales.
Las mujeres esperan más

El desconocimiento se traduce en demora. Las mujeres tardan más en consultar con su médico ante la aparición de síntomas cardiovasculares. Casi el 40% de las pacientes espera más de seis semanas antes de pedir ayuda, frente al 28% de los hombres. Una diferencia que puede comprometer tanto el diagnóstico precoz como el tratamiento adecuado, teniendo en cuenta que el 80% de las muertes prematuras por enfermedad cardiovascular son prevenibles.
La brecha también se manifiesta en la información recibida: los pacientes varones tienen más probabilidades que las mujeres de haber sido informados de su riesgo cardiovascular, con un 36% frente a un 29% respectivamente.
Para Raquel Coca, Head de Especialidades en Daiichi Sankyo España, el origen del problema es cultural: «Existe la idea generalizada de que la enfermedad cardiovascular es principalmente un problema masculino, lo que lleva a subestimar el riesgo en las mujeres y a retrasar la búsqueda de atención médica». Reconocer esta brecha, añade, «es el primer paso para impulsar un cambio real».
El médico de cabecera, el referente de confianza
Cuando los españoles tienen dudas sobre su salud cardiovascular, saben a quién acudir. El 71% señala al médico de Atención Primaria como su principal fuente de información, y el 68% lo considera el más fiable, muy por encima de la familia (7%) o las redes sociales (3%). La confianza en el sistema sanitario es alta, pero el acceso real no siempre está garantizado.
El 27% de los españoles reconoce que sus obligaciones laborales y familiares le impiden ir al médico. Una barrera cotidiana que, en materia cardiovascular, puede tener consecuencias serias. Además, a nivel europeo, casi el 55% de los pacientes cardiovasculares espera semanas antes de consultar tras la aparición de los primeros síntomas, alegando principalmente falta de percepción de urgencia (38%) y falta de tiempo (17%).
Hábitos, la gran asignatura pendiente
En cuanto a los factores de riesgo, el 69% de los españoles identifica el peso corporal como el más importante, mientras que el 58% asocia el riesgo cardiovascular a condiciones médicas como la hipertensión o el colesterol LDL. Un dato relevante, ya que el colesterol está implicado en aproximadamente el 60% de los casos de enfermedad cardiovascular, y su control es clave para prevenir eventos como el infarto o el ictus.
Cuando se trata de barreras para el autocuidado, el 72% apunta a la falta de actividad física y a una dieta inadecuada como los principales obstáculos, una cifra muy superior a la media europea (43%). A eso se suma el estrés, identificado por el 53% de los encuestados como una barrera significativa para mantener una buena salud cardiovascular. Tres factores —sedentarismo, mala alimentación y estrés— que están en nuestra mano modificar, pero que requieren tiempo, información y acompañamiento profesional.
Por otro lado, la adherencia a los tratamientos sigue siendo una asignatura pendiente. Solo el 17% de los hombres y el 16% de las mujeres la identifican como algo relevante para su salud cardiovascular, cuando los datos clínicos revelan que el 44% de los pacientes no es adherente y el 67,7% de quienes han sufrido un infarto abandona la medicación en el primer año.
La tecnología, un aliado cada vez más presente
La encuesta también deja un mensaje esperanzador: los españoles están más abiertos que la media europea a incorporar herramientas digitales en el cuidado de su salud. El 46% considera útiles las aplicaciones y herramientas digitales para el seguimiento y la monitorización cardiovascular, frente al 35% de media europea. A nivel europeo, casi la mitad de los pacientes estaría dispuesto a utilizar soluciones basadas en inteligencia artificial como apoyo al control de su salud cardiovascular. Una apertura que abre la puerta a nuevas estrategias de prevención, seguimiento y adherencia en el entorno digital.



