La adherencia al tratamiento continúa siendo uno de los principales desafíos en el manejo de los pacientes que han sufrido un infarto. Según los datos disponibles, el 67,7% de las personas que han padecido un síndrome coronario agudo abandona la medicación durante el primer año, una situación que puede comprometer su evolución clínica y aumentar el riesgo de nuevas complicaciones cardiovasculares.

Con el objetivo de dar respuesta a este reto, Daiichi Sankyo, con el aval de la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA) y de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA), ha impulsado una iniciativa que propone un nuevo modelo de coordinación asistencial para pacientes con Enfermedad Vascular Aterosclerótica (EVA) tras un síndrome coronario agudo: EVA Bridge.

La propuesta plantea una mayor integración entre Cardiología y Atención Primaria, incorporando además a Enfermería, Rehabilitación Cardiaca, Nutrición y otros profesionales implicados en el proceso asistencial. El objetivo es mejorar la transición del paciente desde el hospital hacia el centro de salud, favoreciendo un seguimiento más estructurado, una mejor adherencia terapéutica y una atención más coordinada.

El modelo ha sido consensuado con ocho hospitales españoles y busca establecer un flujo asistencial común que facilite la toma de decisiones clínicas, reduzca la variabilidad en la práctica asistencial y sitúe al paciente en el centro del proceso de atención.

El modelo se ha consensuado con ocho hospitales españoles

La iniciativa también contempla la incorporación de herramientas digitales y soluciones de apoyo a la decisión clínica para facilitar la comunicación entre profesionales y optimizar el seguimiento de los pacientes. Asimismo, pone el foco en la educación sanitaria y el empoderamiento del paciente, promoviendo una participación más activa en el cuidado de su salud.

La puesta en marcha de este modelo cobra especial relevancia en un contexto en el que las enfermedades cardiovasculares continúan siendo una de las principales causas de morbimortalidad en España. Además, el control de los factores de riesgo sigue representando un desafío clínico. De hecho, el 73% de los pacientes con riesgo cardiovascular elevado no alcanza los objetivos de colesterol LDL recomendados por las guías europeas de práctica clínica.

Para abordar estas necesidades, el modelo establece un itinerario asistencial estructurado de entre 12 y 15 meses de duración. El proceso comienza durante la hospitalización y la preparación al alta, continúa con un seguimiento intensivo durante los primeros días tras la salida del hospital y se prolonga mediante revisiones periódicas orientadas a monitorizar la evolución clínica, reforzar la adherencia terapéutica y promover hábitos de vida saludables.

A partir del primer año postinfarto, el paciente pasa a una fase de continuidad de cuidados crónicos en la que Atención Primaria y el resto de profesionales implicados mantienen el seguimiento con el objetivo de preservar la estabilidad clínica y prevenir nuevos eventos cardiovasculares. Esta aproximación busca avanzar hacia una atención más coordinada, homogénea y centrada en las necesidades del paciente cardiovascular.