La innovación biomédica se ha reivindicado en el Senado como un elemento clave para el futuro del sistema sanitario y el progreso de la sociedad. La Cámara Alta ha acogido la presentación del documento de consenso “Innovación biomédica: un legado para la humanidad”, elaborado en el marco de la iniciativa ConCiencia, impulsada por Johnson & Johnson Innovative Medicine.

El encuentro reunió a asociaciones de pacientes, profesionales sanitarios, gestores del sistema de salud, representantes institucionales y académicos, con el objetivo de reflexionar sobre el valor social de la innovación biomédica desde una perspectiva científica, sanitaria, jurídica, económica y social. El documento se concibe como una herramienta de referencia para pacientes, profesionales y decisores públicos.

Impacto sanitario y social de la innovación

Durante la jornada, Miguel Ángel Boldova, director de la Cátedra de Derecho y Salud de la Universidad de Zaragoza, subrayó que “la innovación biomédica adquiere pleno sentido cuando sus resultados se integran de forma estable en la práctica clínica y dejan de ser una novedad para convertirse en un legado compartido entre generaciones”.

En la misma línea, Javier Meana, director del Aula de Farmacología de la Universidad del País Vasco, destacó que la innovación biomédica trasciende el ámbito clínico, ya que cada avance tiene repercusiones que afectan a la sociedad desde múltiples dimensiones, más allá del impacto estrictamente asistencial.

Por su parte, David Beas, director de Asuntos Corporativos y Acceso al Mercado de Johnson & Johnson Innovative Medicine en España, afirmó que “la innovación no solo transforma la vida de las personas que se benefician directamente de un tratamiento, transforma la sociedad en su conjunto”. En este contexto, explicó que la incorporación de innovaciones terapéuticas explica actualmente en torno al 73% del incremento de la esperanza de vida de la población.

Políticas públicas, inversión y visión de los pacientes

Desde una perspectiva económica, Beas defendió que la innovación en salud debe entenderse como una inversión estratégica. “Cada euro invertido en investigación sanitaria genera 1,6 euros de valor añadido, directo, indirecto e inducido”, señaló, poniendo en valor su contribución a la competitividad y la cohesión social.

En el ámbito de la gestión sanitaria, Boi Ruiz, director del Aula de Innovación en Política Sanitaria de la Universidad Internacional de Cataluña, apuntó que “las políticas de salud deben concebirse como políticas de Estado”, orientadas a la incorporación responsable de la innovación en condiciones de equidad y sostenibilidad.

La dimensión ética y social también tuvo un papel destacado. Raúl Juárez, director del Aula de Humanización en la Salud de la Universidad de La Rioja, advirtió de que “sin una integración explícita de valores éticos y sociales, la innovación corre el riesgo de perder su sentido humano”, reclamando una mayor participación de los pacientes a lo largo de todo el ciclo innovador.

La jornada concluyó con la intervención de Antonio J. García, director de la Cátedra de Economía de la Salud y Uso Racional del Medicamento de la Universidad de Málaga, quien subrayó que la innovación biomédica supone un impulso clave para el desarrollo económico y social, al fortalecer el capital humano y contribuir a la reducción de brechas sociales y económicas.