Dormir mal no solo afecta a la salud individual, sino también a la economía del país. En España, el insomnio provoca pérdidas anuales de aproximadamente 12.000 millones de euros por la caída de la productividad laboral, una cifra equivalente al 0,82% del PIB, según estimaciones de RAND Europe. Ante esta situación, la Alianza por el Sueño ha impulsado el Banco Nacional del Sueño, una campaña que busca concienciar sobre el impacto del déficit de descanso en la salud pública y en distintos ámbitos de la sociedad.

La iniciativa se presenta coincidiendo con el Día Mundial del Sueño, que se celebra el 13 de marzo, y pretende trasladar a la ciudadanía la dimensión del problema del insomnio en España. Actualmente, casi uno de cada dos españoles presenta síntomas de insomnio, lo que repercute tanto en su salud física y mental como en su bienestar general.

Según el doctor Lorenzo Armenteros, miembro del grupo de trabajo de salud mental de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, el insomnio “no es un problema individual”, ya que sus consecuencias se extienden a múltiples sectores de la sociedad. “No podemos permitir que la falta de sueño sea un problema de salud pública para toda la población española y que, además, implique un coste económico tan elevado”, señala.

Impacto laboral y económico del déficit de sueño

La falta de sueño tiene un efecto directo sobre el rendimiento laboral. Diversos estudios indican que las personas con insomnio crónico pueden acumular entre 11 y 18 días de absentismo y hasta 45 días de presentismo —estar en el trabajo con bajo rendimiento— al año. En total, esto supone una pérdida potencial de entre 44 y 54 días de productividad anual. Además, la privación de sueño se asocia a un mayor riesgo de cometer errores, tomar decisiones menos acertadas o sufrir accidentes laborales.

De igual maneral, el impacto del insomnio también se refleja en la seguridad vial. Según datos de la Dirección General de Tráfico, hasta el 30% de los accidentes graves podrían estar relacionados con la falta de sueño.

Dormir entre cuatro y cinco horas diarias multiplica por cuatro el riesgo de sufrir un accidente, mientras que descansar menos de cuatro horas lo eleva hasta once veces. En términos económicos, los accidentes de tráfico generan un coste aproximado de 16.000 millones de euros anuales, cerca del 2% del PIB español.

Presión sobre el sistema sanitario

El sistema sanitario también afronta el impacto del insomnio. En España, el gasto anual en benzodiacepinas, uno de los tratamientos farmacológicos más utilizados para los trastornos del sueño, supera los 100 millones de euros.

No obstante, el uso prolongado de estos fármacos puede provocar efectos adversos como deterioro de la memoria y la atención, mayor riesgo de caídas —especialmente en personas mayores— y dependencia.

Para el doctor Gonzalo Pin, coordinador del grupo social de la Alianza por el Sueño y miembro de la Asociación Española de Pediatría, el problema trasciende el ámbito clínico. “El insomnio genera pérdidas de productividad, aumenta el riesgo de accidentes laborales y de tráfico y eleva la presión sobre el sistema sanitario”, advierte.

Consecuencias sociales y educativas de la falta de sueño

La falta de descanso también tiene repercusiones en la vida social y familiar. Algunos estudios apuntan a que más del 10% de las rupturas de pareja podrían estar relacionadas con problemas de sueño.

En la población infantil y adolescente, la situación también preocupa. Informes recientes indican que el 17% de los niños acude al colegio con sueño y un 4% llega a dormirse en clase. Entre los adolescentes, el 52% reconoce dormir menos de ocho horas durante la semana, y un 24% afirma que la falta de descanso afecta a su rendimiento académico.

Una campaña para visibilizar el problema

El Banco Nacional del Sueño se apoya en acciones de sensibilización en distintos puntos de Madrid y en una plataforma digital donde los ciudadanos pueden sumarse a la iniciativa. La campaña utiliza una “moneda virtual del sueño” como recurso simbólico para ilustrar el coste económico que la falta de descanso genera para la sociedad.