Con la llegada del invierno y del frío, es habitual que aparezcan la congestión nasal, la tos o el dolor de cabeza y, con ellos, la duda de siempre: ¿será gripe, COVID o un simple resfriado? Estos tres cuadros suelen presentar los mismos síntomas y cada vez nos cuesta más diferenciarlos solo con cómo nos sentimos.

Aún así, existen ciertas diferencias que ayudar a orientarse. La intensidad del malestar, la forma en que empieza la enfermedad o la presencia de fiebre y ausencia de olfato o gusto son algunos indicadores de qué virus está detrás. Conocerlos nos permite actuar con más criterio, proteger a la gente que nos rodea y saber cuándo debemos consultar con un profesional.

De todas maneras, es importante tener en cuenta que los síntomas pueden variar dependiendo de la persona y que, en el caso del COVID, también varían según la variante circulante y el estado de vacunación. Por eso, estas pautas sirven únicamente como mera orientación y no sustituyen a una prueba diagnóstica.

Por qué es tan fácil confundirlos

El resfriado común, la gripe y el COVID son tres enfermedades respiratorias causadas por un virus. El resfriado suele deberse al rinovirus, la gripe a los virus de influencia y el COVID al SARS-CoV-2. Todos ellos se transmiten de manera parecida, a través de gotitas respiratorias que se liberan al toser, estornudar, hablar o respirar cerca de otras personas.

Además, los síntomas de COVID han ido cambiando con el tiempo. Según Mayo Clinic, los más frecuentes actualmente son la congestión o goteo nasal, el dolor de cabeza y la irritación de garganta, síntomas muy parecidos a los del catarro y que, por esto, no nos permiten diferenciarlos.

Cómo es un resfriado

El resfriado es, en general, el cuadro más leve de los tres. Sus síntomas habituales son la congestión nasal, los estornudos frecuentes, el goteo constante, la tos y dolor de garganta. Según la Asociación para el Autocuidado de la Salud (anefp), la señal distintiva es la ausencia de fiebre alta y unos síntomas moderados.

En cuanto a su duración, los síntomas del resfriado suelen aparecer entre uno y tres días después de la exposición al virus y la mayoría de las personas se recuperan en un plazo de tres a diez días (aunque algunos catarros pueden alargarse hasta dos semanas).

Mayo Clinic señala que, a diferencia del COVID, un resfriado suele ser inofensivo. No existe cura para él y e tratamiento se centra en aliviar las molestias con analgésicos y remedios que se venden sin receta.

Cómo es la gripe

La gripe suele resultar más molesta que el resfriado y sus síntomas son, por lo general, más intensos. Entre ellos destacan la fiebre o los escalofríos, el dolor de cabeza, los dolores musculares o corporales, el cansancio o debilidad, la congestión nasal, la tos y el dolor de garganta. También pueden aparecer vómitos y diarrea, algo más frecuente en niños.

Según la anefp, la señal distintiva de la gripe es un inicio brusco y un malestar general marcado. Sus síntomas suelen aparecer entre uno y cuatro días después de la exposición al virus, y la enfermedad tiene una duración media de siete días.

Para la gripe, a diferencia de resfriado, sí que existen medicamentos antivirales. La National Foundation for Infectious Diseases (NFID) explica que, para las personas en riesgo de enfermar gravemente, estos medicamentos pueden prevenir los peores efectos de la enfermedad, y que funcionan mejor si se toman en los primeros dos días. Además, la gripe se puede prevenir mediante la vacunación anual.

Cómo es el COVID

El COVID puede provocar síntomas muy variados: fiebre o escalofríos, tos seca, cansancio, dolor de garganta, congestión nasal, falta de aire y, en algunos casos, vómitos y diarrea.

Un rasgo que puede ayudar a distinguirlo es la pérdida o el cambio del gusto y del olfato. Según la anefp, aunque no siempre aparece y es menos frecuente que durante las fases iniciales de la pandemia, sigue siendo un síntoma más característico del COVID que de otros virus respiratorios. Los síntomas suelen comenzar entre dos y catorce días después de la exposición a SARS-CoV-2, un margen más amplio que el de la gripe o el resfriado.

Mayo Clinic advierte además de que, en comparación con la gripe, el CVID puede causar formas más graves de la enfermedad en algunas personas, con complicaciones diferentes a las de la gripe. Existen medicamentos antivirales aprobados para tratar la enfermedad, que según la NFID funcionan mejor si se toman en los primeros cinco a siete días de síntomas.

Cuándo hacerse una prueba

Dado que los síntomas se solapan, la única forma de saber con certeza si se trata de COVID es hacerse una prueba. Si hay síntomas, se puede utilizar un test de autodiagnóstico en casa o consultar con un profesional sanitario para saber cómo realizarla.

Conocer qué virus está detrás del malestar es importante porque existen tratamientos específicos que pueden ayudar a recuperarse antes y a evitar complicaciones graves. Como los antivirales funcionan mejor a inicio de la enfermedad, hacerse la prueba pronto aumenta las posibilidades de recibir tratamiento a tiempo.

En cualquier caso, quien se encuentre mal debe quedarse en casa y consultar con su médico para comentar cómo se siente y valorar si necesita una prueba. Esa recomendación es especialmente relevante para las personas mayores, que tienen más probabilidades de enfermar gravemente de gripe de COVID.

Cómo aliviar los síntomas en casa

Para aliviar las molestias de estas infecciones se pueden utilizar medicamentos que actúan sobre los síntomas, como analgésicos, antitérmicos, antitusivos, descongestivos nasales, antihistamínicos o mucolíticos, según los síntomas que presente cada persona. La anefp recomienda consultarlo con el farmacéutico para que aconseje el tratamiento más adecuado y acudir a médico si las molestias aumentan o no mejoran.

También se recomienda beber abundantes líquidos y guardar reposo mientras dure la infección. Medicamentos como el paracetamol o el ibuprofeno pueden aliviar la fiebre y el malestar, pero es necesario recordar que los antibióticos no sirven contra estos virus.

Cómo reducir el riesgo de contagio

La vacunación es la mejor manera de protegerse frente al COVID y la gripe. Aunque vacunarse no garantiza no enfermar, sí reduce las probabilidades de desarrollar una forma grave, y quienes se vacunan contra el COVID tienen además menos probabilidades de desarrollar COVID prolongado. Se recomiendan las vacunas actualizadas frente al COVID y la vacuna anual de la gripe para casi todas las personas.

La higiene también es muy importante. Conviene lavarse las manos con agua y jabón o utilizar un desinfectante de manos con al menos un 60 % de alcohol si no se dispone de agua y jabón. Cubrirse la boca y la nariz con el codo o con un pañuelo desechable al toser o estornudar, y tirar el pañuelo después, ayuda a no propagar el virus.

Por último, ventilar los espacios cerrados e intentar evitar los lugares muy concurridos y mal ventilados reduce las probabilidades de contagio, ya que los virus respiratorios se propagan con más facilidad en esos entornos. Si se tienen síntomas, lo recomendable es quedarse en casa, mantener distancia con los demás y utilizar mascarilla cuando se esté cerca de otras personas.