Los avances en el tratamiento de las neoplasias hematológicas han comenzado a redefinir el abordaje clínico de enfermedades complejas como la leucemia linfocítica crónica (LLC), el linfoma de células del manto (LCM) y otras patologías linfoproliferativas. En este escenario, el desarrollo de terapias dirigidas de duración finita está ganando peso como una alternativa con impacto tanto clínico como organizativo, al permitir replantear los modelos tradicionales de tratamiento continuo.

Este cambio de paradigma ha centrado la Jornada ÁgoraH, organizada por Johnson & Johnson en Madrid, donde más de 100 especialistas han analizado cómo la evidencia clínica, la innovación terapéutica y la personalización del tratamiento están configurando nuevas estrategias en primera línea.

Tratamientos finitos en LLC

En leucemia linfocítica crónica, los expertos han puesto el foco en el papel creciente de las terapias de duración fija, los intervalos libres de medicación y la reducción de toxicidades acumuladas como elementos diferenciales frente a los tratamientos continuos.

En este sentido, la Dra. Lucrecia Yáñez San Segundo ha señalado que una terapia finita, con eficacia comparable a la continua, cambia la conversación con el paciente al permitir completar el tratamiento y continuar sin medicación, lo que aporta valor clínico y personal.

La especialista también ha explicado que la elección del tratamiento no depende solo de la eficacia, sino de factores como la adherencia prolongada, la situación social del paciente y la viabilidad logística, aspectos que condicionan la práctica clínica real.

El perfil del paciente en LLC introduce una complejidad adicional, ya que se trata de una enfermedad frecuente en adultos mayores, con una edad media de diagnóstico de 72 años, una elevada carga de comorbilidades y una notable variabilidad en la fragilidad.

En este contexto, los especialistas han insistido en la necesidad de diferenciar entre edad cronológica y biológica, así como en evaluar de forma continua el estado funcional del paciente, incorporando variables como el estado nutricional, la movilidad o el apoyo social.

Cambio de paradigma en LCM

En el linfoma de células del manto, que representa entre el 3% y el 7% de los linfomas, la innovación terapéutica está abriendo la puerta a nuevas estrategias en primera línea.

En este contexto, el Dr. Alejandro Martín García-Sancho ha explicado que la incorporación de inhibidores de BTK podría permitir evitar el trasplante autólogo en determinados pacientes, lo que supondría un cambio de paradigma al reducir la toxicidad del tratamiento y mejorar la calidad de vida. Además, el experto ha destacado que la evolución reciente del tratamiento ha sido especialmente relevante en recaídas, donde anteriormente los pacientes presentaban un pronóstico muy desfavorable, con una esperanza de vida inferior a un año.

El desarrollo de nuevas alternativas terapéuticas, como la terapia CAR-T o los inhibidores de BTK no covalentes, está permitiendo lograr respuestas más profundas, una mayor duración de respuesta y una mejora de la supervivencia. Por último, los especialistas han coincidido en destacar el valor creciente de los datos de vida real, ya que reflejan mejor la complejidad de los pacientes atendidos en consulta, con mayor heterogeneidad, comorbilidades clínicas y situaciones no siempre representadas en los ensayos clínicos.