En España, el número de pacientes con edema macular diabético pasará de 431.934 en 2021 a casi 1,7 millones en 2030. Ante este escenario, saber cómo va a responder cada paciente al tratamiento desde el momento del diagnóstico es una necesidad clínica urgente para evitar el aumento de casos de ceguera irreversible.
El proyecto DIADEMA da un paso decisivo en esa dirección: aplica inteligencia artificial (IA) para analizar las imágenes de la retina, medir el fluido acumulado con precisión y utilizarlo como señal predictiva de la evolución de la vista del paciente. Sus resultados han sido publicados en British Journal of Ophthalmology y presentados en el 29º Congreso de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV).
DIADEMA es un estudio en el que han participado varios centros hospitalarios españoles, y sus datos proceden de pacientes atendidos en la práctica clínica. Desarrollado con la colaboración de AbbVie, el trabajo analiza más de 100 ojos de pacientes con edema macular diabético tratados con implantes intravítreos antiinflamatorios sin haber recibido terapias previas, con un seguimiento de un año.
La prueba que se utiliza para obtener esas imágenes de la retina es la tomografía de coherencia óptica (OCT), una exploración no invasiva y ampliamente disponible en los servicios de oftalmología. Hasta ahora, los especialistas se fijaban principalmente en el grosor total de la retina para valorar la evolución del edema. Pero ese dato, por sí solo, no siempre refleja bien lo que le está pasando a la visión del paciente. DIADEMA, en cambio, emplea la IA para medir con precisión el volumen de fluido acumulado en distintas capas de la retina, en vez del grosor total.
«Que podamos cuantificar de forma objetiva y automatizada el fluido retiniano representa un avance sustancial respecto al grosor macular central, que ha sido durante años el referente a pesar de su pobre correlación con la visión funcional. DIADEMA nos permite ir un paso más allá», señala el doctor Javier Zarranz-Ventura, oftalmólogo del Hospital Clínic de Barcelona, profesor asociado de la Universitat de Barcelona e investigador principal del estudio.
Cuánto fluido hay desde el inicio: una pista sobre el futuro
En el transcurso del edema macular diabético, la mácula, la zona de la retina responsable de la visión central y la percepción de los detalles, se inflama y acumula fluido de forma silenciosa, sin síntomas, hasta provocar una pérdida de visión que no se puede recuperar.
Uno de los hallazgos más relevantes del proyecto es que la cantidad de fluido presente en la retina antes de empezar el tratamiento ya anticipa, en buena medida, cómo va a ser la visión del paciente al cabo de un año. Cuanto más fluido acumula la retina en ese momento inicial, peor suele ser la agudeza visual final. Este dato refuerza la importancia de evaluar bien al paciente desde el principio, no solo para decidir cómo tratar, sino para anticipar qué resultado se puede esperar.
Más allá de sus hallazgos principales, el estudio pone de manifiesto que la evolución durante los primeros meses de tratamiento también resulta determinante. Los datos muestran que los pacientes en los que el fluido retiniano se reduce de forma notable a los tres meses de tratamiento tienden a experimentar una mayor mejoría visual al finalizar el año. En otras palabras, una buena respuesta anatómica temprana es una señal positiva para el pronóstico visual a largo plazo.
«Estos datos nos dicen algo clínicamente muy relevante: no basta con tratar, hay que conseguir una respuesta robusta y temprana. El fluido que persiste a los tres meses es una señal de alerta para la visión a largo plazo. La IA nos da ahora la capacidad de medirlo con precisión y actuar en consecuencia», explica el doctor Zarranz-Ventura.
Hacia la personalización del tratamiento en EMD
Más allá de los resultados del estudio, DIADEMA abre una nueva vía hacia la aplicación de la medicina de precisión en el abordaje del edema macular diabético. Al conocer desde el principio exactamente cuánto fluido tiene acumulado un paciente en la retina, los especialistas pueden identificar quién tiene más riesgo de evolucionar peor, hacer un seguimiento más estrecho y ajustar el tratamiento en el momento oportuno, sin esperar a que el daño causado por el edema sea mayor.
Los datos también refuerzan la importancia del seguimiento mediante OCT y el análisis por IA, especialmente en los primeros meses tras el inicio del tratamiento, dado que la capacidad predictiva del fluido intrarretiniano es mayor en esa fase temprana. En este sentido, el estudio proporciona un nuevo parámetro: por cada 100 nanolitros menos de fluido en la retina, el paciente mejora de media una letra y media en los test de visión.
«DIADEMA nos demuestra que la inteligencia artificial puede ayudarnos a tomar mejores decisiones para cada paciente. Si sabemos desde el principio cómo está su retina y cómo responde al tratamiento, podemos actuar antes y con más precisión, lo que permitirá evitar el aumento de casos de ceguera irreversible por esta enfermedad», concluye el doctor Zarranz-Ventura.



