Casi todo el mundo ha tenido alguna vez dolor de cabeza. Según datos recogidos por la Sociedad Española de Neurología (SEN), más del 90% de la población ha sufrido en alguna ocasión algún episodio de cefalea y supone el 25% de las consultas a los servicios de Neurología. Sin embargo, no todos los dolores de cabeza son iguales, y confundirlos puede retrasar el diagnóstico y el inicio del tratamiento adecuado.

Aunque en el lenguaje cotidiano se usan casi como sinónimos, cefalea y migraña no son exactamente lo mismo. Según el Centro de Neurología Avanzada (CNA), la cefalea es el término general para referirse a los dolores de cabeza comunes y que no son causados por otra enfermedad, mientras que la migraña es un tipo concreto de cefalea primaria que corresponde a episodios recurrentes de dolor en un solo lado de la cabeza y que lleva a más personas a los consultorios neurológicos.

Saber distinguirlas ayuda a elegir mejor las medidas para aliviar el dolor y a detectar cuándo hace falta una valoración médica. Estas son las claves que señalan los especialistas.

Qué es una cefalea y qué es una migraña

La cefalea es un síntoma, no una enfermedad. Como bien explica el CNA, con este término se describen los dolores de cabeza de tipo común que pueden deberse a causas muy variadas como tensión muscular, malas posturas, ansiedad, fatiga o, incluso, bruxismo (hábito involuntario de apretar los dientes). Las cefaleas suelen ser transitorias, no incapacitan y se suelen aliviar con descanso. Además, se dividen en dos grandes grupos: las primarias, que aparecen por sí solas, y las secundarias, que son consecuencia de otro proceso, como un golpe en la cabeza o hipertensión.

La migraña, en cambio, sí está catalogada como una enfermedad de origen neurológico. Se engloba dentro de las cefaleas primarias, igual que la cefalea tensional, que es la más frecuente y la que solemos llamar dolor de cabeza común. Los episodios de migraña se relacionan con alteraciones o desequilibrios en el organismo, cambios hormonales, factores hereditarios y climáticos, trastornos de sueño… Por otro lado, esta afección puede presentar náuseas y vómitos, síntomas visuales como destellos de luz y empeora con el ejercicio o la exposición a la luz, ruido u olores fuertes.

Esta distinción importa porque el abordaje no es el mismo. En ambos casos, se pueden utilizar analgésicos como el paracetamol y antiinflamatorios como el ibuprofeno. Sin embargo, la migraña puede requerir tratamientos específicos, como de fármacos de la familia de los triptanes en los ataques o medicamentos preventivos de toma diaria recetados por el médico.

Cómo es el dolor de la cefalea tensional

La cefalea tensional se identifica cuando el dolor es continuo y sordo (sensación de presión o pesadez), de intensidad leve o moderada. Mucha gente lo describe como “una banda” que aprieta la cabeza o una sensación de presión en la frente, a los lados y en la parte posterior de la cabeza. Afecta a ambos lados de la cabeza.

Es habitual que haya además sensibilidad en el cuero cabelludo, el cuello y los hombros. El estrés es su principal desencadenante, y suele tener un pico de inicio entre los 30 y los 40 años. Su duración es muy variable: puede ir desde media hora hasta varios días.

Un detalle importante es que, por lo general, no provoca náuseas ni vómitos, ni molestias intensas con la luz o el sonido. Aunque resulta molesta, rara vez impide realizar las actividades diarias, y esa es una de las diferencias más útiles para distinguirla de la migraña.

Cómo es el dolor de la migraña

El dolor de la migraña es pulsátil, con palpitaciones intensas que suelen concentrarse en un solo lado de la cabeza, a menudo detrás de los ojos, aunque en algunas personas puede ser bilateral. Los episodios duran entre 4 y 72 horas sin tratamiento y empeoran con la actividad normal, de modo que muchos pacientes se ven obligados a parar.

A este dolor se suman otros síntomas: náuseas, vómitos, fotofobia (molestia con la luz) y molestia con los sonidos y los olores. También pueden aparecer mareos, vértigo o, en casos más raros, desmayos. En algunas personas hay síntomas que afectan al nervio trigémino, como ojos rojos y llorosos o hinchazón en la cara.

Otra característica propia de la migraña es el aura, un conjunto de síntomas neurológicos que se presentan antes o durante el dolor. Lo más habitual son alteraciones visuales como destellos de luz o puntos ciegos, pero también puede haber hormigueo en la cara o en una extremidad y dificultad para hablar. Además, algunas personas notan señales días antes del ataque, como rigidez en el cuello, bostezos frecuentes, estreñimiento o aumento de la sed.

Causas y desencadenantes: qué se sabe

Hoy no se conoce una causa única de la migraña, pero los investigadores sostienen que los factores genéticos y ambientales tienen un peso importante. Los antecedentes familiares, el sexo y la edad influyen: según el neurólogo Dr. Roberto Belvís, director del Servicio de Neurología del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona y coordinador del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología (SEN), casi 1 de cada 5 mujeres sufrirá migrañas a lo largo de su vida, frente a 1 de cada 16 hombres. Los cambios hormonales que acompañan a la menstruación o al uso de anticonceptivos explican parte de esa diferencia.

Entre los desencadenantes más habituales están el estrés y la ansiedad, las luces brillantes o intermitentes, los ruidos muy fuertes, los olores intensos, dormir demasiado o muy poco, los cambios bruscos de clima, el exceso de actividad física y saltarse comidas. El tabaco y la cafeína también pueden influir, así como ciertos medicamentos.

En la alimentación, se señalan con frecuencia el alcohol, el chocolate, los quesos añejos, el glutamato monosódico, los productos fermentados o encurtidos y las carnes curadas o procesadas. Los especialistas recomiendan llevar un diario de dolores de cabeza para identificar los factores personales, ya que lo que desencadena una crisis en una persona puede no afectar a otra.

Qué se puede hacer para prevenir y cuándo acudir al médico

Aunque no siempre es posible evitar los episodios, hay hábitos que ayudan a reducir su frecuencia e intensidad: mantener un horario de sueño regular, aprender técnicas para gestionar el estrés, beber suficiente agua, hacer ejercicio de forma regular y seguir una dieta equilibrada con pocos ultraprocesados. En la cefalea tensional, además, se recomiendan ejercicios terapéuticos para la musculatura de cabeza y cuello y, en algunos casos, terapia psicológica para el manejo del estrés.

Conviene consultar al médico de familia ante dolores de cabeza recurrentes o intensos, que limiten la vida diaria. Allí se podrá hacer el diagnóstico adecuado y valorar si es necesario un tratamiento preventivo.

Hay además signos de alarma que requieren atención médica sin demora, aunque la persona esté acostumbrada a sus migrañas: un dolor de inicio súbito e intenso, un cambio claro en el patrón habitual, una cefalea nueva a partir de los 50 años, síntomas neurológicos como debilidad o cambios en la visión, dolor desencadenado por el esfuerzo, la tos o las relaciones sexuales, o dolor de cabeza acompañado de fiebre o rigidez de cuello. También se consideran señales de peligro la pérdida de conciencia, un traumatismo reciente en la cabeza o la persistencia del dolor a pesar del tratamiento.